2/1/18



Me pasa con muchos autores. Pienso que, si hubiese vivido en su época, no nos hubiésemos llevado bien. Ahora que estoy en Andalucía de visita por Córdoba, la referencia barroca es obligada y pienso en mi relación con Góngora. Un tipo extremadamente culto, perfeccionista, católico, monárquico, patriota, polémico y, seguramente, como se dice por aquí, bastante isorrible. Por lo que cuentan, estaba obsesionado con la apariencia y ostentación de los pijos Siglo de Oro: eran pocos los que llegaban a vivir en la Corte de Felipe III. Como los del 27 lo pusieron de moda, gracias al incansable Dámaso Alonso, ya tiene el cielo ganado y a las "Soledades", pese a no comprenderlas bien al principio, les tengo un cariño especial. Eso sí, si nos hubiésemos cruzado por Salamanca o por Madrid en el siglo XVII, creo que me hubiese cambiado de acerca directamente. El Góngora con el que igual me hubiese llevado mejor es con el último. El que vuelve a su ciudad, enfermo, arrepentido y endeudado, aunque la conversación hubiese sido un poquito complicada: Góngora tenía ya un alzhéimer galopante.


Flânerie cordobesa. Texto íntegro, en Planisferio



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